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Dijo la poetisa:
“Como quieres escuchar
la melodía de mi cuerpo,
si no sabes tocarme el alma?”
Y allá fue, presto, el ejecutante.
A recorrer los claustros de los sentimientos
que es allí donde se vislumbra el alma.
Pudo aprender glisandos, acordes y trémolos,
fallar algún arpegio y aceptar una que otra
disonancia.
Pero aprendió a tocarle el alma.
Y ejecutó el concierto en sus cuerpos